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El modelo ‘sporty-chic’ de la firma ginebrina, el Riviera, ofrece un sinfín de versiones bien diseñadas con las que es muy difícil fallar en estas Fiestas. No todos los precios que marca la alta relojería suiza son inalcanzables.

 

Algunos fabricantes se esfuerzan por ofrecer la mejor calidad al mejor coste, brindando experiencia y creatividad sin que los aficionados tengan que romper el cerdito de los ahorros para regalar (o regalarse) sus piezas esta Navidad. En el caso de Baume & Mercier, con sede en Ginebra, ese afán es evidente. Lleva creando relojes legibles, fiables, de calidad y diseño desde 1830, ahí es nada. Su nombre se lo debe a William Baume, gerente, y a Paul Mercier, descendiente de una saga relojera que se instaló en el Valle del Jura helvético en el siglo XVI. Ambos se unieron en 1918 para volcar su saber hacer y su capacidad para innovar en una compañía que supo interpretar en cada momento la modernidad y el progreso de la sociedad.

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